La avanzada contra la libertad

La avanzada contra la libertad

El presidente Alberto Fernández al anunciar la extensión de la cuarentena (Franco Fafasuli)
El presidente Alberto Fernández al anunciar la extensión de la cuarentena (Franco Fafasuli)

Luego del papelón mundial de tener a los jubilados haciendo colas infinitas para cobrar sus haberes, en plena cuarentena, hubiera sido esperable que siguieran unos días de calma en la política. La realidad es que nunca hay calma y que siempre puede aparecer una noticia peor. El tema de los sobreprecios mostró con crudeza que algunas prácticas corruptas no se abandonan ni en medio de una pandemia. Los sobreprecios son la esencia misma del peronismo cultivada a lo largo de su historia y llevada al paroxismo por el kirchnerismo. En los momentos en los que hay un poco de dinero ponen énfasis en los sobreprecios en la obra pública. En épocas de vacas flacas se dedican a rapiñar con fideos, alcohol en gel o vasitos de plástico. Pero comprar con sobreprecios es como celebrar el 17 de octubre: tradición pura. El dinero juntado en el Teletón de la primera dama son migajas al lado de lo que se paga de más en muchas dependencias públicas. El mejor Teletón que se puede hacer en la Argentina es parar de robar. Además, es menos demagógico que esos patéticos proyectos.

El tema principal salió a la luz por una investigación periodística y se amplificó en las redes sociales. Primero, se supo lo de las compras de comida en Desarrollo Social y luego apareció lo del PAMI (alcohol en gel y vasos de plástico). Más allá de lo inmoral que es actuar así en un momento gravísimo, es interesante observar cómo la conformación de los elencos gubernamentales responde a una sola lógica: la pugna entre las tribus internas del PJ. El principal responsable del escándalo en Desarrollo Social era Gonzalo Calvo, que había estado previamente en el municipio de Almirante Brown y había sido filmado conversando sobre pedidos de coimas. Los K suelen hablar en contra de la meritocracia y ofrecen estos hechos patéticos como contraparte. Existen funcionarios que ocupan lugares por pertenecer a un sector político y que el Gobierno coloca en cargos sin revisar sus antecedentes. El Estado como una sucursal del PJ. El Presidente hizo trascender su enojo (siempre hace lo mismo) y el tal Calvo tuvo que renunciar junto a su equipo. Donde el Presidente no mostró su enojo fue con el tema PAMI. Ahí conduce una funcionaria de La Cámpora y hay cosas que no se pueden hacer: meterse con una funcionaria que pertenezca al universo CFK es algo que, en la jerarquía actual, no está al alcance de Fernández.

Como todo puede empeorar en la Argentina peronista, también aprovecharon la cuarentena para que Boudou pueda ir a su casa. Una vez más demuestran que la agenda con la que llegaron al gobierno era la impunidad, los negocios y avanzar sobre la actividad privada. Claro está que no cambian la agenda aunque el país esté paralizado por la crisis sanitaria. El juez que dispuso la liberación de Boudou se llama Carlos Obligado y había dicho lo contrario unos días antes. Su brusco cambio de opinión en un tema donde nada lo ameritaba da la pauta, una vez más, de las promiscuas relaciones entre la justicia y la política que degradan cada vez más la calidad institucional argentina. Es muy importante que la oposición salga de su letargo y que el Congreso empiece a pronunciarse con medidas concretas. La cuarentena es para los ciudadanos, no para las instituciones. La foto frecuente de gobernantes que pertenecen a Cambiemos junto al Presidente hablando de las medidas de lucha contra el virus deben empezar a estar acompañadas por posturas firmes en contra de la corrupción o de los atropellos judiciales. Se trata entonces de acompañar para luchar contra el virus, pero también de enfrentar al oficialismo en los temas que ponen en riesgo el futuro. Esa debe ser la lógica de la oposición. Entre el seguidismo acrítico y la complicidad hay una línea muy delgada.

El ataque contra la empresa privada y la creación de nuevos gravámenes orbita por distintos lugares del universo oficialista. El sector privado es el único que puede luchar contra la debacle económica que se avecina. Las amenazas a la empresa privada y la falta de ayuda a autónomos y pequeñas y medianas empresas pueden ser la antesala de una “sovietización de la economía”. Sería un intento claro de intromisión del Estado en la actividad económica privada. Eso fracasó reiteradas veces y requiere de una clara persecución al que piensa distinto. Como afirmó esta semana el presidente de Uruguay, Lacalle Pou, “hoy gravar al capital es amputar la posibilidad de los que van a hacer fuerza en la salida de la crisis”. La idea de ciberpatrullaje para medir el “humor social” de la ministra Sabina Frederic va en ese sentido. Las fuerzas de seguridad están para usar todas las herramientas (incluso esa) para combatir el delito, no para intervenir en contra de la libertad de expresión de los ciudadanos. El mismo Presidente dijo que hay trolls y que “todo el mundo sabe quién es el jefe”. Si él lo sabe, debería decirnos quién es. Si está mintiendo, lo que hace es estigmatizar a los que piensan distinto. Es muy grave que desde las altas esferas del poder se digan y hagan ciertas cosas. La intolerancia al que piensa distinto se agrava de esa manera. El Presidente debería ser más cauto y respetuoso con los que lo critican. Los cacerolazos y las críticas de hace unos días obedecían a un pedido para que los políticos se bajasen el salario por un par de meses, como sucede en muchos países. Fernández se negó públicamente y ahora un sector de la oposición intenta sacar este tema por ley. Decir la verdad es mucho más simple que buscar conspiraciones. El acoso a la clase media se agudiza y ocurre en todos los frentes. La tontería infinita de Frederic hizo que afloraran las verdaderas intenciones del oficialismo.

Nadie del gobierno está hablando del tema clave: qué hacer con la economía y con el Estado elefantiásico argentino cuando se termine la cuarentena. La situación será calamitosa y la anticipación es clave. Ver lo que se está haciendo en algunos lugares del mundo da pautas interesantes. Un ejemplo de anticipación de cómo viene el mundo en este momento lo dan las lecturas del futuro que hacen empresas y países. Lufthansa anunció que reducirá su flota vendiendo 40 aviones y cerrará su filial Germanwings dado que “pasarán meses hasta que se levanten las restricciones de viaje a nivel mundial y años hasta que la demanda de viajes aéreos vuelva a los niveles anteriores a la crisis”, apuntó la empresa. Alemania afrontó el coronavirus sin déficit fiscal y sin endeudamiento. Cuestiones similares se están pensando en países e industrias. Argentina lo enfrentó con una economía parada, con endeudamiento y déficit fiscal. Y el Gobierno sigue sin enfrentar el malgasto del Estado corrupto y pretende que los ciudadanos, que hoy ven peligrar sus empresas y sus empleos, paguen la fiesta de la corrupción y de la ineficiencia estatal. La lógica de los políticos inescrupulosos en el Estado populista. Están abusando de la paciencia y de la buena fe de la gente que trabaja y produce. Da un poco de miedo. La impunidad siempre da miedo.

Fuente: Infobae