Cuenta regresiva para la nueva CGT: por qué quiere autonomía del Gobierno y darle un mensaje al poder

Cuenta regresiva para la nueva CGT: por qué quiere autonomía del Gobierno y darle un mensaje al poder

La CGT se reunió con Alberto Fernández
La CGT, en una selfie con Alberto Fernández en la Casa Rosada

La semana próxima habrá una nueva Confederación General del Trabajo (CGT). ¿Será nueva realmente o tendrá los viejos reflejos que mostró hasta ahora? Es muy prematuro para contestar este interrogante, aunque algunas señales de las últimas semanas parecen anticipar que la central obrera que se elegirá el 11 de noviembre será similar y distinta al mismo tiempo. Una rareza digna de un sindicalismo peronista que, según se jactan sus dirigentes, es único en el mundo.

Por lo pronto, en el congreso de la CGT que deliberará el jueves próximo, desde las 8, en Parque Norte, surgirá una estructura que duplicará sus cargos para sumar más sindicatos, respetar la Ley de Cupo Femenino y, sobre todo, darle cabida a todos los sectores gremiales con un objetivo concreto: recuperar el protagonismo perdido y advertirle al poder político y económico que no podrá desconocer a esta central obrera que nacerá con cierta autonomía del Gobierno.

Pasó mucho tiempo desde que Alberto Fernández, a poco de haber ganado las elecciones de 2019, visitó la histórica sede cegetista de Azopardo 802 para prometer que la CGT iba a “ser parte del Gobierno que viene”. Fue una promesa incumplida, según cree la dirigencia gremial. El oficialismo encaró su relación con el sindicalismo entre problemas de gestión, indiferencia política por las internas en el Frente de Todos y gestos de apoyo multidireccionales del Presidente hacia corrientes antagónicas que terminaron por no conformar a nadie.

Sobre todo, el primer mandatario y su jefa política, Cristina Kirchner, rompieron con las más afianzadas tradiciones de los gobiernos peronistas hacia la corporación sindical: a sus miembros no les dio espacios de poder en el gabinete, influencia en la administración de los fondos de las obras sociales (algo que hizo Mauricio Macri cuando asumió) o posibilidades de incidir en las medidas oficiales, y ni siquiera les pagó su alineamiento con lugares en las listas de candidatos, algo que hubiera compensado tanto gesto de amor sindical no correspondido.

El consejo directivo de la CGT pidió al Gobierno mantener la ayuda social
El Consejo Directivo de la CGT que viene duplicará sus cargos y tendrá un 30% de mujeres

La CGT es controlada hoy por una alianza de “Gordos” (Héctor Daer y Armando Cavalieri) e “independientes” (Andrés Rodríguez, Gerardo Martínez y José Luis Lingeri), dialoguistas a ultranza que cuando Alberto Fernández ganó las elecciones estaban dispuestos a formar parte del “albertismo” que imaginaban junto con gobernadores peronistas como contrapeso del poder de Cristina Kirchner, una reconocida enemiga, como La Cámpora, del sindicalismo tradicional.

Se trata de una coalición gremial que alienta el diálogo con el empresariado, algo que le valió críticas de sus pares alineados con el kirchnerismo, para quienes el encuentro de la CGT con la Asociación Empresaria Argentina (AEA) del año pasado fue una traición a los trabajadores, de la misma forma que consideraron un acto de entrega la pragmática medida de emergencia que encontraron la central obrera y la Unión Industrial Argentina (UIA) para que los empleados sin tareas por la cuarentena pudieran cobrar una suma equivalente al 75% del sueldo neto.

El problema de fondo es que los dirigentes que más esfuerzos hicieron por congraciarse con el Frente de Todos, como Hugo y Pablo Moyano, cuestionadores de la CGT albertista y dispuestos hasta a reunirse con el dictador venezolano Nicolás Maduro para conformar a la Vicepresidenta, empezaron a sentir que el Gobierno no les respondía con reciprocidad.

“El moyanismo hizo todos los deberes, pero no le dieron ni la hora. Cristina detesta a los sindicalistas. A todos”, reflexionó ante Infobae un dirigente conocedor de la trama oculta que explica por qué clásicos archienemigos como “los Gordos” y los jefes de Camioneros terminarán abrazados en la próxima CGT: todos tienen las mismas quejas contra el Gobierno y necesitan unirse para negociar con una fuerza que sea imposible de resistir. Lo harán, además, en el momento de más debilidad del oficialismo, luego de una estridente derrota en las PASO y a escasos tres días de unas elecciones que consolidarían esa postal.

Alberto Fernandez visitó la CGT por primera vez en noviembre de 2019, luego de haber ganado las elecciones
Alberto Fernandez visitó la CGT por primera vez en noviembre de 2019, luego de haber ganado las elecciones (Maximiliano Luna /)

¿La CGT que viene tendrá más protagonismo? “Por naturaleza va a pasar eso. El Frente de Todos va a tener que replantearse el modelo de conducción porque ha dejado a muchos afuera, no sólo al movimiento obrero. Los gobernadores y muchos intendentes también están afuera. Hay que recomponer un esquema distinto, sin que uno prevalezca sobre el otro, pero con una mesa más repartida”, dijo a Infobae el secretario adjunto de la CGT (que seguirá por otros cuatro años), Andrés Rodríguez, quien dirige UPCN que hace menos de 24 horas logró que el Presidente y gran parte de su gabinete lo apoyaran en un acto para inaugurar un sanatorio.

Es decir, un dirigente de la CGT muy cercano a Alberto Fernández y de buen diálogo con Cristina Kirchner exige replanteos en el modelo de conducción porque “ha dejado a muchos afuera”. La CGT se unifica para que nadie la deje afuera de las principales decisiones del poder.

Un primer indicio del viraje moyanista fue la renuncia de Facundo Moyano a su banca de diputado. El último, una declaración del Fresimona (Frente Sindical para el Modelo Nacional), la corriente con nombre de remedio que agrupa a Pablo Moyano y a Mario Manrique, del SMATA, entre otros: “La CGT no es herramienta de ningún partido político. No formamos parte de una estructura partidaria sino que defendemos a la clase trabajadora, que en su amplia mayoría acompaña un proyecto que le garantice mayor desarrollo, producción, empleo e inclusión”.

“Más allá del resultado electoral, es el Gobierno el que debe decidir la conveniencia o no de hacer cambios políticos en el Frente (de Todos), mientras que nosotros, como miembros de la CGT, seguiremos trabajando para mejorar las condiciones laborales y salariales y la dignidad de cada trabajador y trabajadora”, señaló el comunicado que firma el hijo de Hugo Moyano. El mismo que se encamina a volver a la conducción de la CGT desde un triunvirato o cuarteto.

Hugo Moyano y Sergio Palazzo, dos dirigentes cuyos sindicatos volverán a la CGT desde el 11 de noviembre
Hugo Moyano y Sergio Palazzo, dos dirigentes cuyos sindicatos volverán a la CGT desde el 11 de noviembre

La nueva central obrera tendrá una fachada de unidad, aunque, hasta ahora, no hay rastros de kirchnerismo en sus máximos puestos. Continuarán al frente un albertista de paladar negro como Daer, un kirchnerista en crisis como Pablo Moyano y un barrionuevista (nunca K) como Carlos Acuña. El triunvirato nunca funcionó: nadie ha tenido la acción de oro para tomar las decisiones y siempre predominaron las diferencias, las intrigas y los individualismos. Sin embargo, sigue sin existir un dirigente con pasta de líder cuyo nombre reúna el consenso de todos. Tampoco hay un sindicato con el suficiente poder interno como para imponer su candidato a los demás. Mucho menos, un Lorenzo Miguel del siglo XXI, como aquel legendario líder metalúrgico que durante décadas ponía y sacaba ministros, legisladores y jefes de la CGT.

Hasta la hora en que comience el congreso de la CGT, estará abierta la temporada de “rosca sindical”, es decir, las clásicas negociaciones para conformar la principal grilla cegetista. Antonio Caló, el sucesor de Miguel en la UOM, se autopostuló para integrar el triunvirato y sus colegas de la mesa chica cegetista se mantuvieron en silencio. Parecía lógico, después de todo, que un sindicato importante de la actividad industrial llegara a la máxima jefatura de la CGT junto con otro del sector de servicios (Sanidad, de Daer) y otro del transporte (Camioneros, de Moyano).

Hace 48 horas, las acciones de Caló comenzaron a derrumbarse. Luis Barrionuevo ya no pilotea la treintena de sindicatos de su CGT Azul y Blanca, pero hizo valer ante “Gordos” e “independientes” a aliados como La Fraternidad y la UTA, que pueden paralizar el transporte. Así, el mismo Acuña cuya continuidad parecía peligrar, ahora tiene casi garantizado seguir en el triunvirato hasta 2025. ¿Significa que la UOM queda afuera de la conducción? Es difícil decirle que no a una organización de semejante importancia sindical y de tanta historia en la CGT.

Algunos deslizan que Caló quedaría afuera del triunvirato porque es “demasiado oficialista” para una central que pretende una relativa independencia del Gobierno. Otros hacen apuestas: creen que finalmente se sumará a un esquema de cuatro cotitulares. “Si tres jefes es mucho, cuatro ya es un Consejo Directivo paralelo”, exageró un dirigente de mucha experiencia.

Armando Cavalieri, titular de Comercio, piensa en no participar de la nueva CGT
Armando Cavalieri, titular de Comercio, piensa en no participar de la nueva CGT

Hasta que se dirima ese punto clave, lo único cierto es que la nueva CGT podrá albergar a casi todos porque duplicará sus cargos: se proyecta una reforma estatutaria que aumentará de 25 a 43 los cargos del Consejo Directivo, incluso con nuevas secretarías. Es difícil de imaginar el funcionamiento de una estructura elefantiásica a la que hoy, con menos integrantes, le cuesta mantener reuniones y tomar decisiones. Es uno de los desafìos que se perfilan.

El otro tiene que ver con la aplicación por primera vez de la Ley de Cupo Femenino. La CGT que surgirá del congreso del jueves 11 tendrá un 30% de mujeres, aunque incorporadas a través de un sistema enmarañado: en las 43 secretarías (y con excepción de la Secretaría General, la Adjunta y la de Finanzas), cada sindicato elegirá un hombre y una mujer que se alternarán en el cargo. Ya anticipó que no está de acuerdo la propia secretaria de Género de la CGT, Noé Ruiz (Modelos). “No es lo ideal, pero es un avance”, le contestaron sus colegas hombres.

A las autoridades de la CGT no las eligen los trabajadores de manera directa sino congresales que envía cada sindicato y cuya cantidad es proporcional al número de afiliados que tiene. Por eso es clave la confección final del padrón de gremios que participan del congreso y que aún presenta zonas oscuras: hay algunas organizaciones que declaran muchos afiliados para tener más congresales, pero pagan su cuota mensual a la central obrera por menos cantidad.

En el último congreso cegetista, en agosto de 2016, votaron 1582 congresales sobre un total de 2191 que representaban a 213 sindicatos, uniones y federaciones que integran la central obrera.

Pablo Moyano encabeza una asamblea de trabajadores de Walmart
Pablo Moyano, posible integrante del nuevo triunvirato que manejará la CGT

Aún quedan muchas incógnitas alrededor de la nueva CGT. Por ejemplo, qué pasará con Sergio Palazzo, el líder de la Asociación Bancaria que se convirtió en el principal referente del sindicalismo kirchnerista luego de haber sido privilegiado por la Vicepresidenta como cuarto candidato a diputado del Frente de Todos en el distrito bonaerense. En diciembre competirá por otro mandato en las elecciones de su sindicato y, además, quiere seguir con los Moyano en la comisión directiva del Club Independiente, con comicios el mes próximo. ¿Le quedará tiempo para la CGT? Siempre le jugó en contra para un puesto importante su condición de radical. Dicen que piensa en una mujer de su gremio para que lo represente en la central obrera.

Otro gran interrogante es qué hará el eterno Armando Cavalieri, con más de 80 años (nunca precisados por él por coquetería) y al frente del Sindicato de Comercio desde 1985. Nunca quiso retirarse, pero empieza a dar señales de su jubilacióm: esta semana, en una reunión de consejo directivo de la Federación de Empleados de Comercio (FAECYS), sorprendió a todos al comentar sus ganas de bajarse de la CGT y dejarle el puesto al subsecretario general, José González. ¿Irá por la reelección en su gremio en 2022? El delfín de Cavalieri es Carlos Pérez, presidente de Osecac, la obra social, y a quien su líder le fue delegando cada vez más funciones.

Más incierta es la situación en el Sindicato de Camioneros. Hablan de una fuerte interna, de peleas entre Hugo y Pablo con origen en sus ocupaciones futbolísticas, e incluso de alguna sorpresa en materia de nombres para representarlos en la CGT: hay quienes mencionan a Omar Pérez, secretario de Políticas de Transporte del gremio, y también al propio Hugo Moyano.

Si se confirman, serán algunas de las escasas novedades de una CGT que se prepara para volver recargada. Con ganas de recuperar su condición de decisiva, más mujeres, más cargos y menos tiempo que perder: quedan dos años de gobierno del Frente de Todos para que revalide su fuerza y deje de ser un grupo de presión sin capacidad de presión.

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Fuente: Infobae