Los secretos del descubridor del Kun Agüero: de las ofertas de River y Boca que rechazó a las peleas para protegerlo de las patadas

Los secretos del descubridor del Kun Agüero: de las ofertas de River y Boca que rechazó a las peleas para protegerlo de las patadas

Sergio Kun Aguero y Eduardo Motoneta Gonzalez
Motoneta González y Kun Agüero en el cumpleaños 18 del jugador (Crédito: La Cocina del Rojo)

“¡Señor, hoy he conocido al boludo más grande del planeta!”

Motoneta González estaba sentado en un cálida ubicación del Estadio Monumental y había rechazado segundos antes –una vez más– una suculenta oferta por ese pibito que había cobijado desde los 8 años. Sergio Agüero era un niño, pero los buenos rumores corren siempre rápido. Ese tal Kun que jugaba en las infantiles de Independiente era una gema. Una de esas que aparecen una vez cada décadas. Y todos lo querían. Para Eduardo González pudo más su amor por Independiente, el club al que cubre como periodista partidario desde hace ya más de 50 años. Cuando la propuesta de José María Aguilar de River Plate llegó a sus oídos, le dijo que su sueño era verlo en la primera del Rojo y no estaba a la venta, como ya le había dicho a Boca Juniors, pero también a clubes de Inglaterra y Alemania que lo tentaron vía intermediarios. El encumbrado hombre le dio su espalda, miró hacia el campo de juego y lanzó la frase que hoy revive entre carcajadas.

La historia de este emblemático cronista de la vida del club de Avellaneda con los Agüero había empezado por una casualidad. Después de pasar toda una vida en el club de su barrio (Cultural Club Dardo Rocha de Bernal), lo fueron a buscar para que fuera entrenador del equipo. Y aceptó. El número 10 de ese plantel era un tal Leonel del Castillo, el padre del Kun. “Buen jugador. Zurdo, habilidoso, inteligente, guapo –enumera–. Los genes realmente prendieron”. Aquel plantel barrial salió campeón después de muchos años de sequía, pero lo que transformó verdaderamente la historia fue esa relación que se generó entre Del Castillo y González. “Ya antes de terminar el campeonato me empezó a decir: ‘Eduardo, usted que está en Independiente ¿por qué no me lleva el pibe al club? Tengo un pibe que anda muy bien’. Le pregunté la edad y me dijo 7 años. ¡No podés llevar a un chico tan chiquito a jugar al club porque no hay competencia!”, tira del hilo inicial Motoneta ante Infobae.

Seis meses más tarde, González se había alejado de la dirección técnica, pero el padre de Agüero no lo olvidó: “Me vino a tocar timbre a mi casa o a la empresa de matafuegos que tengo. Yo le decía que era muy chico y él me contestaba que lo venían a buscar de todos lados para jugar al papi fútbol y lo cagaban a patadas los más grandes. Me dijo por qué no lo viene a ver… Y voy. ¡Un monstruo, tremendo!”. Se convenció que los caminos del Kun y del Rojo debían cruzarse.

Se lo presentó a dos históricos hombres de las juveniles rojas como Chanana Rambert –tío de Pascualito– y el Mencho Balbuena. “¿Qué hacemos con este pibe?”, le preguntaron. “Lo único que tenés que hacer con este pibe es verlo jugar”, les respondió seguro del nivel del chico de 9 años. “Vamos a mirarlo, pero a este pibe no lo podemos hacer competir, le falta crecimiento… Apenas lo vieron se cayeron de culo. Estaba predestinado, no lo digo por humildad, pero me quiero quitar mérito de que lo descubrí yo, él hubiera sido lo que fue si hubiese aparecido otro también”, aclara.

El posteo que Agüero le dedicó a Chanana Rambert
El posteo que realizó Agüero en 2017 tras la muerte de Chanana Rambert

Kun vivía con su familia en la Villa Los Eucaliptus de Quilmes, para esa época pegado a una cancha de fútbol ocho con arcos que tenían palos de luz en el rol de postes y donde se “aguantaba las patadas” y “bailaba a todos”. González se convirtió en un protector de la familia y la primera acción fue pedirle dinero a un socio –Samuel Liberman– para sacarlos del barrio donde estaba: le compraron una casa con cinco habitaciones en la zona de Mosconi y Carlos Pellegrini en Quilmes.

Pero también, asegura, le daba pelotas, botines, la primera TV, lo asistía económicamente para que pudiera viajar a los entrenamientos y ayudó a los padres en temas sensibles de salud: “Hice que nunca le falte nada”. Entre la emoción por aquellos años de vínculo, alguna lágrima que se cruza en la garganta y cierta dolor por cómo se rompió esa relación, González contrasta entre el comienzo y el final: “Agüero y yo cumplimos años el mismo día. Festejamos todos los cumpleaños juntos hasta los 18, ese fue el último”. La foto que abre esta nota es de aquella última celebración.

Motoneta es una institución del Rojo. Se inició con su medio Correo Independiente e hizo radio, televisión y revistas durante los 51 años que hoy acumula relacionado al periodismo del club. Su Independiente de América es una marca registrada para los fanáticos. Fue testigo en el casamiento de Daniel Bertoni o incluso recuerda cómo le insistió al Bocha Maschio en la previa de la tercera final ante Colo Colo para que hiciera debutar a Ricardo Bochini por Copa Libertadores en la mítica final en el Estadio Centenario de Montevideo. Para entonces, estaba tan amalgamado a la entidad que el DT le permitía mirar los partidos desde el banco de suplentes.

Ese era el González que halló a Agüero. Y lo vio campeón en infantiles, como líder de la Novena y la Octava, al mismo tiempo que afirma haberlo llevado a hacer un completo estudio que localizó aquella primera arritmia de su juventud que recientemente detalló el médico Roberto Peidró. También le insistió a Oscar Ruggeri para que lo hiciera debutar, algo que el propio Cabezón reconoció durante las últimas horas en el programa que lo tiene como panelista.

“Un día le pedí a Ruggeri hacer una nota para mi programa de TV. Vino y después tomamos un café. Me preguntó si no había nada abajo para ir a ver. Le dije que en cuarta y quinta no había nada. ‘Pero te digo una cosa‚ traje al club un pibe que está en Octava…’. ‘No dejá, 14 años, cómo voy a ir a buscar a Octava’. Le respondí que el sábado jugaba de local, que lo fuera a ver”, recuerda. “Le rompí tanto las pelotas que fue, vio el partido de Octava y me miraba de vez en cuando el guacho, me hacía gestos. Yo no le había dicho nada al pibe que lo iba a ir a ver Ruggeri. ¡La rompió! Bah, la rompía todos los partidos”, agrega sobre aquellos años en los que Agüero era cobijado por Osvaldo Mura y Pompeo Tardivo en las inferiores.

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* Agüero campeón con la octava de Independiente

Mientras el ascenso del Kun era cada vez más rápido, Motoneta vivía situaciones que marcaban la jerarquía y calidad de ese pibe. De las lindas y de las feas. “Lo acompañaba a todos los partidos. Más de una vez tuvimos que andar peleándonos con el padre contra los contrarios porque lo cagaban a patadas y nunca faltaba el boludo que decía ‘rompelo’. Lo veían, los bailaba a todos y siempre había un padre que incitaba para que el hijo lo cagara a patadas. Nada que pasara a mayores, pero había que bancárselo ir a jugar a ciertos lados eh”, afirma.

Su nombre, ya conocido en lo periodístico, se convirtió también en popular en su nuevo rol de representante. El teléfono sonaba. “Me quisieron comprar el jugador varias veces. Tuve ofertas de Boca, de River, pero también de Alemania e Inglaterra. Griffa mandó un emisario para ver cuánto quería por la parte mía de Agüero para llevarlo a Boca. Un día sonó el teléfono de mi oficina y me dijo que me estaban llamando de River Plate”, abre el juego. La anécdota que inicia esta nota repasa esa reunión que tuvo “por curiosidad” con el presidente millonario que le puso una cifra sobre la mesa que le hubiese cambiado las finanzas a González. “Agüero no se vende. Va a debutar en primera de Independiente. No se moleste porque no está a la venta”, insistió una y otra vez según recuerda. “Acá viene lo desopilante”, adelanta al rematar con aquella frase que inaugura la nota y le lanzaron por no aceptar la oferta: “¡Hoy he conocido al boludo más grande del planeta!”. Su corazón rojo pudo más que el color del dinero.

La premonición llegó rápido. La reacción de Ruggeri al verlo en inferiores tras la recomendación fue la de llamarlo inmediatamente a entrenar con primera. “Le empecé a comer la cabeza: ponelo, ponelo, ponelo”, afirma. “Lo llevó al banco y nunca lo puso, pero tanto lo jodí que un día me dijo ‘te voy a dar el gusto’”, agrega. Agüero debutó ante San Lorenzo un 5 de julio del 2003 con 15 años en la desaparecida Doble Visera.

El Kun con 15 años, 1 mes y 3 días en el debut profesional ante San Lorenzo (Foto Baires)
El Kun con 15 años, 1 mes y 3 días en el debut profesional ante San Lorenzo (Foto Baires)

El resto de la historia es absolutamente conocida. Kun se sostuvo como una estrella cada vez más resplandeciente en equipos de Independiente que no estaban a su nivel pero que jerarquizaba. Un pibito que le dio un salto de calidad cada vez que pisó la cancha hasta que el Atlético de Madrid se convenció y a mediados de 2006 desembolsó unos 28 millones de dólares para que Agüero arados récords en el fútbol nacional que todavía sostiene: el jugador más joven en debutar en la primera local y la venta más cara del torneo argentino.

¿González? No volvió a ver al Kun después de aquel cumpleaños 18. Nunca supo qué pasó, ni se lo explica. O tal vez sí y prefiere guardarse sus opiniones para “recordar las cosas lindas”, como insiste una y otra vez cuando la garganta se tilda por las lágrimas que lo invaden. El Rojo, con la transferencia que desde hace 15 años está en el top de ventas, demolió la Doble Visera y construyó el Libertadores de América –entre otros negocios– aunque esa suculenta suma no terminaría llamativamente alcanzando para cubrir toda la obra que se inauguró a medio terminar en 2009. Entre conflictos y promesas a futuro de los dirigentes, el periodista le había cedido gratuitamente al Rojo el 50% del pase que tenía en su poder. Luego de la transferencia, a Motoneta le dieron una especie “reconocimiento” económico entre irrisorio y burdo: 100 mil pesos en largas cuotas.

Tal vez el legendario periodista pudiese haber apostado por convertirse en un millonario por aquel pibe que cobijó desde los 8 años, pero eligió seguir el camino del amor por Independiente. A veces entre el lamento de sentirse decepcionado por los agentes involucrados y otras entre el orgullo por haber cumplido con lo que le dictaba el corazón, Eduardo vuelve a recrudecer los sinsabores de ese trayecto juntos. “Nunca más lo volví a ver. Es el gran karma de mi vida. Nunca supe por qué no me dieron más bola”, reflexiona con la voz entrecortada mientras se prepara para celebrar los 50 años al aire de su Independiente de América.

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Fuente: Infobae